Criterios para la consideración de la afección del cambio climático sobre las demandas asociadas a usos productivos del agua

Al igual que sucede con los recursos en régimen natural, las demandas asociadas a los diferentes usos del agua también se verán afectadas por el cambio climático, que puede alterar tanto su volumen total como su modulación temporal. Ello es debido a la modificación tanto de la temperatura como de la precipitación, tanto en cuanto a su valor como en cuanto a su distribución temporal. Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre la afección del cambio climático sobre los recursos hídricos en régimen natural y sobre las demandas que justifica una consideración muy diferente de ambas en la planificación hidrológica.

La afección sobre los recursos en régimen natural no puede evitarse ni reducirse, salvo con medidas de mitigación que no corresponden a la planificación hidrológica. La planificación hidrológica solo puede plantear medidas de adaptación para intentar paliar los efectos derivados de la afección del cambio climático sobre los recursos.

En cambio, la afección sobre las demandas sí puede contrarrestarse con medidas de adaptación tomadas por los distintos usuarios, de manera que la modificación de las demandas con respecto a la situación actual puede no ser significativa. Sin embargo, lo más relevante es que, a diferencia de lo que sucede con la afección sobre los recursos naturales, la afección sobre las demandas no obedece solo a previsiones que respondan a fenómenos físicos, con resultados predecibles con mayor o menor dificultad e incertidumbre. Ello es debido a que el hombre, que es quien genera las demandas, puede adaptarlas a la disponibilidad de recursos, intentando que la actividad asociada a ellas persista y mantenga su interés económico. Se analiza seguidamente la posible afección sobre las demandas de abastecimiento humano y las de regadío, que habitualmente son las dos más relevantes.

La demanda de abastecimiento humano se ve afectada por el cambio climático. A mayor temperatura y menor precipitación la demanda aumenta su volumen. No obstante, para que el incremento de la demanda sea sensible son necesarias temperaturas elevadas de forma persistente. Se trata de una demanda bastante rígida, determinada sobre todo por la evolución de la población, y el incremento asociado al cambio climático no es, en general, relevante en el conjunto de demandas. Además, a la incertidumbre inherente, ya señalada, a la obtención de las variables climáticas básicas en el proceso de regionalización de los escenarios, se une la incertidumbre asociada a que no se cuenta, en general, con un procedimiento definido para estimar la modificación de la dotación de abastecimiento y, por tanto, de la demanda, derivada de la modificación de las variables climáticas básicas.

En definitiva, teniendo en cuenta la incertidumbre acumulada en el cálculo de la nueva demanda y su reducida relevancia en el conjunto de demandas, no se considera relevante la modificación de la demanda de abastecimiento respecto a la situación actual a los efectos perseguidos de identificar vulnerabilidades del sistema de gestión de recursos hídricos como consecuencia del cambio climático, por lo que se estima que no es, en general, una tarea prioritaria para la elaboración del plan hidrológico. No obstante, el organismo encargado de la elaboración del plan podrá valorarlo en función de las características de cada cuenca.

La demanda de riego es, sin duda, la más importante cuantitativamente entre todos los usos del agua. Como es lógico puede verse sustancialmente afectada por el incremento de temperatura y la reducción de la precipitación, que aumentaran la dotación requerida por los cultivos para mantener el rendimiento. Sin embargo, ante esta situación existen múltiples posibilidades de reacción, medidas de adaptación, por parte de los usuarios para compensar el incremento de las demandas y que éstas no se vean sustancialmente alteradas con respecto a la situación de partida.

Así, sería factible conocer la dotación neta mensual que correspondería a los cultivos actualmente implantados en cada uno de los escenarios climáticos regionalizados a partir de las variables climáticas básicas obtenidas con la regionalización. A diferencia de lo que sucede con la demanda de abastecimiento, si se cuenta con procedimientos para estimar, a partir de dichas variables climáticas básicas, la modificación con respecto a la situación actual tanto del valor de la dotación anual de cada cultivo, como de la distribución de esta dotación a lo lardo del período de desarrollo del cultivo y también de dicho período, adelantándose o retrasándose con respecto a la situación actual.

No obstante, el valor y modulación de la demanda que es necesario conocer no es la asociada a un cultivo, sino a la distribución de cultivos implantada en las zonas regables que componen cada unidad de demanda. Si de acuerdo con las variables climáticas de los escenarios regionalizados se acentúan los desfases entre la demanda y el volumen que puede recibir el agricultor con respecto a la situación actual, esto generará un proceso de adaptación por parte del agricultor, que o bien modificará la fecha de siembra o bien utilizará otras variedades de cultivos menos consumidoras de agua. Hay que tener en cuenta, además, que la decisión del cultivo a implantar está asociada a variables de mercado cuya previsión excede a la planificación hidrológica.

En consecuencia, se considera discutible el interés de estimar la modificación de la demanda de riego respecto a la situación actual a los efectos perseguidos de identificar vulnerabilidades del sistema de gestión de recursos hídricos como consecuencia del cambio climático. Ello es debido a que la incertidumbre asociada a la regionalización de los escenarios climáticos para obtener las variables climáticas básicas, se le acumula la incertidumbre derivada de las estrategias de adaptación del agricultor como reacción a la modificación de la disponibilidad de recursos hídricos y a las variaciones del mercado agrario, que condicionan de manera determinante el valor de la demanda. Este conjunto de incertidumbres hace que la verosimilitud de cualquier estimación de modificación de la demanda pueda ser reducida. Por ello, se propone elegir entre una de las dos opciones siguientes, a juicio del organismo responsable de la elaboración del plan hidrológico de cuenca:

  • Prescindir de la consideración de la afección del cambio climático sobre la demanda manteniendo la estimación de la demanda correspondiente al horizonte u horizontes futuros en ausencia de cambio climático.
  • Considerar la distribución de cultivos supuesta para obtener la demanda en el horizonte u horizontes futuros y calcular la dotación neta de cada cultivo a partir de las variables climáticas básicas resultantes de la regionalización de los escenarios climáticos considerados. A partir de las dotaciones netas se obtendrá la demanda afectada por el cambio climático en cada escenario.

La elección de la opción a considerar dependerá fundamentalmente de la confianza dada al mantenimiento de la distribución de cultivos estimada para el horizonte futuro en los escenarios de cambio climático considerados. El organismo encargado de la redacción del plan definirá la opción que considera más adecuada entre las dos anteriores o bien otra que considere más conveniente en función de las características de la cuenca considerada.

Guías de referencia: