Agrupación o división de cuencas en función de criterios hidrológicos y de gestión
Es claro que la unidad de planificación debe decidirse en función de criterios hidrográficos, pero también lo es que éstos deben complementarse con otros criterios de régimen hidrológico y de gestión, que racionalicen los esfuerzos de planificación y gestión. Así, puede ser conveniente agrupar cuencas de pequeña entidad con otras vecinas siempre que no presenten entre ellas singularidades hidrológicas ni de gestión destacadas, lo que permitiría simplificar, sin reducir la efectividad ni la representatividad de cada cuenca hidrográfica, la estructura asociada y los esfuerzos para la planificación y gestión. Para que esta posibilidad pueda materializarse debe estar recogida en la legislación vigente.
En ocasiones, mantener una correspondencia estricta entre cuenca hidrográfica y plan hidrológico puede dificultar en la práctica la implementación de la GIRH. Hay que tener en cuenta que la elaboración e implementación de un plan hidrológico requiere un proceso y una estructura administrativa que puede ser insostenible para un territorio excesivamente pequeño. Por otra parte, puede ser igualmente insostenible desde el punto de vista nacional por el gran esfuerzo que puede suponer la elaboración de un número excesivo de planes.
Un caso claro del interés de la agrupación de cuencas es el de cuencas vecinas relativamente pequeñas pertenecientes a un mismo frente costero. Esta circunstancia se da con frecuencia en países con un amplio frente costero y con cadenas montañosas relativamente próximas a la costa, lo que origina la existencia de cuencas asociadas a cauces principales de reducida longitud y fuerte pendiente que comparten un mismo régimen hidrológico. Igualmente es común que estas cuencas compartan también problemas de gestión derivados de la concentración de la población y de las actividades económicas, como el déficit en la atención de las demandas, incluyendo la sobreexplotación de acuíferos, y problemas de calidad del agua. Ejemplo de esta situación es la vertiente pacífica de los países centroamericanos y de los países andinos.
Otra circunstancia que puede aconsejar la agrupación de cuencas vecinas es que una actúe como generadora de recursos que son básicos para la atención de las demandas en otra, siempre que tengan regímenes hidrológicos similares. Esta situación suele darse también entre cuencas pertenecientes a un mismo frente costero.
Otro caso claro del interés de la agrupación de cuencas vecinas dentro de un mismo ámbito de planificación territorial se da cuando un mismo acuífero, que resulte relevante desde el punto de vista de los recursos hídricos, se extiende por todas ellas. En esta situación el interés de la agrupación se debe a la interrelación entre recursos superficiales y subterráneos y la necesidad de coordinación para su adecuada gestión de manera que se garantice que no se produce sobreexplotación de las aguas subterráneas y que se protege adecuadamente su calidad.
Conviene señalar que esta agrupación es perfectamente compatible, si así se desea, con el mantenimiento de la representación y participación en la toma de decisiones de cada una de las cuencas agrupadas, previéndolo en la legislación vigente.
En sentido inverso, es oportuno mencionar el caso de la división de cuencas, dada la conformación de la región por grandes cuencas internacionales. Valga como ejemplo, el caso de la del Amazonas, que es la mayor del planeta, cubre una extensión de unos 7,4 millones de kilómetros cuadrados, ocupando territorio de ocho países soberanos, algunos de los cuales quedan fuera del ámbito de la CODIA. Además, existen fuertes heterogeneidades socioeconómicas y de disponibilidad de información dentro del gran ámbito amazónico. Un caso parecido es el de la cuenca del Plata, con 3,2 millones de kilómetros cuadrados, compartida entre Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay. En estos casos, buscando también racionalizar los esfuerzos de planificación, puede resultar conveniente la identificación de cuencas que resulten más manejables y cuya planificación cobre mayor sentido. Los criterios para la división de estos extensos territorios también deberán basarse en la hidrografía, tratando siempre de considerar subcuencas completas, en la distribución de la actividad socioeconómica en esos vastos territorios y en la traza de las fronteras internacionales que, en estos casos singulares, vienen señaladas por cauces internacionales a lo largo de varios tramos fluviales importantes.
En atención a todo ello, al objeto de racionalizar los esfuerzos de la planificación, conviene contar con la definición estable de unos ámbitos de planificación hidrológica de tamaño suficiente, aunque no excesivo, teniendo en cuenta para su definición todos los elementos naturales y socioeconómicos que resulten relevantes.
A título de ejemplo exclusivamente se refleja en la figura siguiente el caso de las cuencas definidas en Panamá. Se trata de 52 cuencas para un país de 75.517 km2. La superficie de las cuencas oscila entre los 133 km2 de la cuenca 107 (Ríos entre Coclé del Norte y Miguel de la Borda y los 4.987 km2 de la cuenca 148 (Río Bayano). En el país existen 23 cuencas por debajo de los 1.000 km2 de extensión. Además de las circunstancias antes indicadas, con cuencas tan pequeñas, es probable que se dé el caso, como sucede en la cuenca del río Pacora, que los recursos generados en la cuenca se emplean mayoritariamente en otra vecina y diferenciada actualmente a efectos de planificación y gestión, lo cual exige esfuerzos adicionales de coordinación.
Cuencas hidrográficas definidas en Panamá.



