Organización de la información en materia de recursos hídricos
Para la elaboración y el seguimiento del plan hidrológico es necesario recopilar, ordenar, sistematizar y hacer accesible para su uso muy diversa información sobre los recursos hídricos. Se trata de información procedente de todas las redes de medida que tienen que ver con los recursos hídricos, superficiales y subterráneos, con su cantidad y su estado, y con los usos y demandas de dichos recursos. Igualmente deben integrarse en esta información los resultados de las tareas que se van realizando en el proceso de elaboración del plan. Entre estos últimos, a título de ejemplo exclusivamente, cabe destacar la evaluación de recursos hídricos en régimen natural, que proporciona una serie mensual de recursos en el período de análisis con la desagregación espacial que se haya considerado necesaria, la definición espacial de las unidades de demanda correspondientes a los distintos usos, el régimen de caudales ecológicos asociados a cada tramo de río, el estado de cada tramo de río y acuífero en función de los criterios adoptados, etc. Se trata de información geográfica, bases de datos alfanuméricas e información documental (estudios, proyectos, etc.).
Para garantizar tanto la ordenación como la accesibilidad de toda la información y asegurar que puede mantenerse actualizada, es necesario definir dos cuestiones básicas: un modelo de datos y unos protocolos de intercambio de información que aseguren que la información cuyo almacenamiento está previsto en el modelo de datos llega a introducirse en él. Sobre ambas cuestiones se volverá en el apartado de Contenido y Tareas para la elaboración de un plan hidrológico.
Dentro del apartado de criterios conviene insistir en dos aspectos. El primero es el desarrollo conceptual del modelo de datos como cuestión transversal a todo el proceso de planificación. Se trata de definir una estructura de almacenamiento de información en la que se contempla toda la información que se considera de interés para el proceso, con independencia de que en el momento de definir el modelo se encuentre disponible o no. Esta concepción permite no solo almacenar la información disponible, sino orientar la adquisición de nueva información. Lo esencial es la consistencia de esta estructura, sobre la cual puede apoyarse el sistema de visualización que se considere oportuno para facilitar su consulta y accesibilidad.
El segundo es la definición del proceso de intercambios de información, indicando quién debe facilitar los datos, quién debe recibirlos para integrarlos en el modelo de datos así como el formato del intercambio. Es conveniente que esto quede reflejado en una disposición con un rango normativo tal que su modificación sea sencilla. Como primer paso, si esto resulta laborioso y se dilata en el tiempo, puede comenzarse recogiendo el procedimiento en unos lineamientos o guías técnicas.



