Recuperación de costes y sostenibilidad económica del recurso
La recuperación de costes es un principio ampliamente reconocido en la gestión del agua, que busca garantizar la sostenibilidad económica del recurso hídrico mediante mecanismos que permitan cubrir, de manera proporcional y justa, los costos asociados a su uso, operación, mantenimiento, conservación y mejora; en especial, asegurando una contribución económica apropiada desde aquellos sectores que utilizan el agua como factor de producción.
Este apartado ofrece una visión estratégica del tema, pero no pretende sustituir el análisis técnico y normativo que se presenta en el capítulo específico sobre recuperación de costes, donde se desarrollan con mayor profundidad los criterios, metodologías y propuestas concretas.
Este principio, presente en diversos marcos normativos y en recomendaciones internacionales, no debe interpretarse como una lógica estrictamente tarifaria, sino como una estrategia de sostenibilidad integral que articula herramientas financieras con criterios de equidad social, eficiencia económica y protección ambiental.
En el marco de la planificación hidrológica, la recuperación de costes se debe adaptar a la realidad socioeconómica de los territorios, considerando las condiciones de vulnerabilidad, el tipo de uso del recurso, la capacidad de pago de los usuarios y la necesidad de mantener tarifas asequibles para garantizar el derecho al agua. La equidad y la progresividad son componentes clave en este enfoque.
Además, es fundamental que estas medidas se acompañen de estrategias de comunicación y transparencia, que reconozcan el coste y el valor económico del agua, y refuercen la comprensión y la aceptación social de los instrumentos económicos aplicables, contribuyendo a la construcción de confianza entre los distintos actores del sistema.
En este sentido, más allá de los principios generales, resulta recomendable que los planes hidrológicos evalúen esquemas de tarifas y subsidios cruzados que garanticen la equidad social y la sostenibilidad financiera. Asimismo, conviene que consideren experiencias regionales ya implementadas, como fondos de agua o mecanismos de pago por servicios ambientales, que han mostrado eficacia en diversos contextos de América Latina y el Caribe. Estas referencias no deben entenderse como prescripciones únicas, sino como orientaciones prácticas que pueden adaptarse a las realidades socioeconómicas de cada país o cuenca.



