3.3.3. Geología e hidrogeología

La geología y la hidrogeología del territorio definen las características estructurales y dinámicas del subsuelo, las cuales determinan el almacenamiento, circulación y disponibilidad de los recursos hídricos subterráneos. Este análisis es clave para comprender la relación entre el sistema hídrico superficial y el subterráneo, así como para planificar un uso sostenible del agua en el largo plazo.

 

A continuación, se presentan los componentes esenciales que deben abordarse:

 

Contenidos clave:

 

  • Cartografía y estratigrafía de formaciones geológicas principales:
    • Identificación de unidades litológicas dominantes (rocas ígneas, sedimentarias, metamórficas) y su disposición espacial. Se recomienda agruparlas en unidades litológicas similares que permitan después definir las unidades hidrogeológicas.
    • Delimitación del contacto roca-relleno tanto en superficie como en profundidad, evaluando el espesor de relleno o el contacto de los sedimentos con el basamento rocoso, además de determinar la estratigrafía de los sedimentos presentes en la cuenca.
    • Descripción estratigráfica a través de la columna estratigráfica, donde se detalla la disposición, composición y edad de las capas geológicas.
    • Análisis de estructuras geológicas relevantes: pliegues, fallas, fracturas, diaclasas.
    • Relación entre la geología y las propiedades hidrológicas del terreno (retención, infiltración, drenaje natural).

 

  • Identificación de acuíferos y unidades hidrogeológicas:
    • Delimitación de acuíferos libres, confinados y semiconfinados presentes en el territorio.
    • Caracterización de su extensión, profundidad, espesor del acuífero, nivel piezométrico, mapa de isopiezas, dirección de flujo subterráneo, volumen embalsado del acuífero, volumen de precipitación de la cuenca, volumen de la zona de recarga, capacidad de almacenamiento, recarga natural, modelización de la superficie freática y conectividad con fuentes superficiales y entre acuíferos. También se recomienda calcular la estimación de la extracción por pozos para calcular el balance de masas.
    • Definición de unidades hidrogeológicas.
    • Caracterización hidrogeoquímica e isotópica de los acuíferos, así como de las zonas de recarga y las precipitaciones que caen sobre la cuenca.
    • Localización de zonas de recarga y descarga, así como su grado de vulnerabilidad ante contaminación. Asimismo, la localización de zonas potenciales de recarga artificial, pueden ser una herramienta práctica, al permitir planificar actividades de recarga gestionada de acuíferos, también conocido como MAR (Managed Aquifer Recharge).

 

  • Características estructurales del subsuelo:
    • Evaluación de parámetros hidrogeológicos como la permeabilidad, conductividad hidráulica, porosidad efectiva, transmisividad y coeficientes de almacenamiento.
    • Presencia de fracturas o discontinuidades geológicas que faciliten el flujo subterráneo o actúen como barreras hidráulicas.
    • Influencia de las condiciones del subsuelo en la viabilidad de pozos, captaciones, infraestructura de recarga artificial u obras subterráneas.
    • Inventariado y mapeo de pozos, captaciones, infraestructura de recarga artificial u obras subterráneas.
    • Evaluación de señales de abatimiento, agotamiento, sobreexplotación y posible subsidencia del terreno.
    • Implementación de un monitoreo sistemático de los niveles de agua subterránea.
    • Construcción de modelos numéricos simples para tener proyecciones iniciales del comportamiento de las aguas subterráneas a futuro.
 
⚠️ Importante:

La geología no solo condiciona la oferta subterránea, sino también la calidad del agua. Formaciones ricas en sales, minerales o materiales orgánicos pueden afectar los usos posibles del recurso (abastecimiento, riego, industria).

Recomendación:

Utilizar mapas hidrogeológicos actualizados, perfiles geológicos transversales y datos de sondeos o perforaciones, que permitan estimar con precisión la disponibilidad y sostenibilidad del agua subterránea.

⚠️ Importante:

Una zona de recarga natural de acuíferos corresponde con el área donde la precipitación (sólida o líquida) o las fuentes superficiales se infiltran en el terreno, descendiendo hasta la zona saturada del acuífero, reponiendo los depósitos subterráneos.

Suelen ser áreas con:

  • Alta pluviometría, frecuentemente vinculada al relieve orográfico de las zonas de montaña.
  • Alta permeabilidad, asociada a rocas fracturadas o suelos porosos, como las arenas. 
  • Pendientes moderadas o formas del relieve que favorezcan el tiempo de contacto con el agua y su posterior infiltración.
  • Vegetación autóctona que reduzca el impacto erosivo de la lluvia y facilite la percolación del agua.

Como servicios ecosistémicos poseen gran valor, por ello es vital identificarlos y protegerlos, puesto que:

  • Ayudan en la regulación hídrica al recargar los depósitos subterráneos, mitigando los efectos de las sequías, y amortiguando las inundaciones.
  • Permiten el almacenamiento subterráneo del recurso hídrico para extraerlo en un futuro para los diferentes usos.
  • Actúan como soporte al mantener la humedad del suelo y el caudal base de los ríos, sosteniendo los ecosistemas acuáticos y terrestres.

La identificación de zonas de recarga natural de acuíferos requiere de la integración de la información obtenida de los estudios edafológicos, de cobertura vegetal, geológicos, litológicos, estratigráficos, de fracturación e hidrodinámicos, entre otros. El uso de métodos isotópicos es una herramienta complementaria fundamental para su identificación.

Asimismo, se debe tener en cuenta la densidad de lineamientos (derivada de fallas, fracturas y otras discontinuidades estructurales) como indicador de permeabilidad secundaria, así como la densidad de drenaje (derivada de la red hídrica) como indicador de la relación entre escorrentía e infiltración. También, es importante considerar variables geomorfológicas y edafológicas como la pendiente, el tipo de suelo y el uso/cobertura del suelo, dado su papel determinante en los procesos de infiltración y retención de agua. Finalmente, la incorporación de datos espaciales de precipitación resulta fundamental, ya que condiciona la disponibilidad hídrica y, por ende, el potencial de recarga del sistema.