Estrategias y mecanismos de cooperación

La gestión de cuencas transfronterizas requiere estrategias claras y mecanismos de cooperación sólidos que permitan a los países compartir información, coordinar acciones y garantizar el uso sostenible de los recursos hídricos. La cooperación no solo es clave para prevenir conflictos, sino que fortalece la gobernanza hídrica, promueve la resiliencia climática y facilita el cumplimiento de compromisos internacionales, como los

Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 6.5.2).

De aquí al 2030, se pretende implementar la GIRH a todos los niveles incluso mediante la cooperación transfronteriza, según proceda, a través de la meta 6.5. “Gestión Integral de los Recursos Hídricos”. Dicha meta se evalúa a través del indicador 6.5.2 “Proporción de la superficie de cuenca transfronteriza con un acuerdo operativo para la cooperación en materia de agua”, que busca realizar un seguimiento del porcentaje de superficie de cuenca transfronteriza dentro de un país que tiene un acuerdo operativo para la cooperación en materia de agua.

El cumplimiento del indicador 6.5.2 mediante la cooperación, estimula múltiples beneficios, a parte de la gestión del recurso hídrico. Entre los que se encuentra ODS 1 “Fin de la pobreza”; ODS 2 “Hambre cero”; ODS 3 “Salud y bienestar”; ODS 7 “Energía asequible y no contaminante”; ODS 13 “Acción por el clima”; y ODS 16 “Paz, justicia e instituciones sólidas”.

La UN establece como acuerdo de cooperación en materia de agua al tratado, acuerdo, convenio u otro arreglo formal, bilateral o multilateral, entre los países ribereños que proporciona un marco para la cooperación.

Se debe de cumplir los siguientes criterios para que el acuerdo sea considerado operativo:

    • Existencia de un cuerpo conjunto.
    • Comunicación periódica y formal entre los países ribereños (al menos una vez al año).
    • Planes u objetivos de gestión conjuntos o coordinados.
    • Intercambio periódico de datos e información (al menos una vez al año).

Las estrategias de cooperación deben ser flexibles y adaptadas al contexto de cada cuenca, combinando herramientas técnicas, institucionales y sociales que permitan tanto la planificación conjunta como la ejecución coordinada de medidas (Guía Metodológica 2).

Gobernanza y coordinación institucional

La gobernanza en cuencas transfronterizas es el eje que permite que la cooperación pase de ser una intención política a convertirse en acciones concretas de gestión del agua compartida/coordinada. Un sistema de gobernanza sólido debe establecer estructuras formales de coordinación que promuevan la confianza mutua, la transparencia y la corresponsabilidad entre los países y actores locales.

Establecimiento de mecanismos formales de cooperación

  • La creación o fortalecimiento de Comisiones o Comités de Cuenca Transfronterizos es un paso esencial para institucionalizar la cooperación.
  • Estas entidades deben contar con representación de todos los países ribereños y, cuando sea posible, incluir a representantes de actores clave como usuarios agrícolas, comunidades locales, organizaciones ambientales, academia y sector productivo.
  • Sus funciones deben estar claramente definidas e incluir:
    • Elaboración de diagnósticos y planes de gestión compartidos.
    • Coordinación de medidas de conservación, infraestructura y adaptación al cambio climático (variabilidad climática).
    • Monitoreo conjunto y evaluación del cumplimiento de acuerdos.
    • Facilitación del intercambio regular de información entre las autoridades nacionales, de cuenca y locales.
  • La formalización mediante acuerdos, memorandos de entendimiento o tratados bilaterales/multilaterales otorga estabilidad y continuidad, incluso frente a cambios políticos internos.

Integración multinivel

  • La gobernanza debe funcionar como un sistema multinivel, articulando la escala internacional, nacional, subnacional y comunitaria.
  • Los gobiernos locales y comunidades ribereñas tienen un papel clave, ya que son los primeros en experimentar los impactos de sequías, inundaciones o contaminación, y su involucramiento asegura que los acuerdos no queden como compromisos lejanos.
  • Las instituciones sectoriales, como las de ambiente, agricultura, energía, transporte y desarrollo, deben integrarse para ofrecer una visión holística de la cuenca, evitando conflictos de uso entre sectores.
  • Puede ser recomendable establecer grupos de trabajo temáticos dentro de los comités de cuenca, abordando temas como calidad de agua, ecosistemas, infraestructura, riesgos climáticos y participación social, para facilitar la implementación técnica de los acuerdos.

Armonización normativa y técnica

La armonización normativa y técnica es un pilar fundamental para que la cooperación en cuencas transfronterizas sea efectiva, operativa y sostenible. La existencia de marcos legales, estándares técnicos y metodologías muy diferentes entre países puede dificultar la planificación conjunta/coordinada y la implementación de medidas coordinadas. Por ello, es necesario avanzar hacia criterios comunes consensuados que permitan a los países implicados actuar con coherencia y equidad en la gestión de los recursos compartidos.

Compatibilidad de marcos legales

  • Cada país cuenta con leyes de aguas, normas ambientales y regulaciones sectoriales que definen la gestión del recurso hídrico.
  • La armonización implica identificar sinergias y posibles brechas, para que los acuerdos transfronterizos puedan aplicarse sin contradicciones legales.
  • Es recomendable que los planes hidrológicos transfronterizos, o los planes de una parte nacional de una cuenca o acuífero transfronterizo, incluyan:
    • Una revisión comparativa de la normativa hídrica y ambiental de los países.
    • La identificación de áreas críticas, como la asignación de caudales, la protección de acuíferos y el control de descargas contaminantes.
    • Propuestas de ajustes o compromisos normativos, sin afectar la soberanía de cada Estado, para facilitar la implementación de medidas conjuntas.
  • El derecho internacional del agua se puede emplear como herramienta que ayude al establecer un marco jurídico fundamental, facilitando a los países cooperar pacíficamente, como maximizar los beneficios socioeconómicos y ambientales, a través del uso de los recursos hídricos compartidos. Dentro de los instrumentos que establecen los marcos jurídicos universales sobre aguas transfronterizas se encuentra: las Reglas de Helsinki sobre el uso del agua de los ríos internacionales (1966); Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho de los Usos No Navegables de los Cursos de Agua Internacionales (1997); o el Convenio de la CEPE sobre sobre la Protección y el Uso de los Cursos de Agua Transfronterizos y los Lagos Internacionales (1992).
  • Cuando existan tratados o convenios internacionales (p. ej., Convenio de Nueva York de 1997 o el Convenio de la CEPE sobre Aguas Transfronterizas), estos pueden servir como marco de referencia para la armonización legal.

Estandarización de metodologías técnicas

  • Las diferencias en medición, monitoreo y modelación hidrológica pueden generar resultados difíciles de comparar entre países.
  • La armonización técnica busca establecer protocolos y métodos compartidos para garantizar que la información sea compatible, verificable y útil para la toma de decisiones conjunta.
  • Acciones recomendadas:
      • Definir un conjunto mínimo de variables hidrológicas (cantidad y  de calidad del agua) y ambientales que todos los países monitoreen con metodologías compatibles.
      • Establecer protocolos conjuntos de monitoreo en puntos clave de la cuenca y en acuíferos transfronterizos.
      • Desarrollar modelos hidrológicos y de balance hídrico coordinados, que puedan integrarse en escenarios conjuntos de gestión.
      • Aplicar estándares comunes para caudales ecológicos, alertas de contaminación y gestión de riesgos climáticos.
      • Crear instancias bilaterales o multilaterales, que permitan continuar avanzando con la cooperación de la gestión del recurso hídrico, en los casos en los que no exista armonización normativa.

Aplicar estándares comunes para caudales ecológicos, alertas de contaminación y gestión de riesgos climáticos.

Participación social y construcción de confianza

La participación social es un componente clave en la gestión de cuencas transfronterizas, ya que fortalece la legitimidad de las decisiones y promueve la corresponsabilidad de las comunidades que dependen del agua compartida. Involucrar a actores locales en ambos lados de la frontera no solo aporta conocimiento territorial y mejora la calidad de la planificación, sino que también construye confianza entre los países al demostrar que la cooperación no se limita al nivel institucional, sino que permea a las comunidades.

La construcción de confianza es un proceso gradual que combina transparencia, comunicación activa y resultados tangibles. Cuando la población percibe que los acuerdos bilaterales generan beneficios reales en su vida cotidiana, se fortalece la sostenibilidad de la cooperación a largo plazo.

Involucramiento de comunidades y actores locales

  • Identificación y mapeo de actores sociales en ambos países:
    • Comunidades ribereñas, pueblos indígenas, agricultores, ganaderos, pescadores, organizaciones productivas, ambientalistas, sector energético, sector industrial y sector académico.
  • Diseño de estrategias de participación diferenciada, que aseguren la inclusión de:
    • Mujeres, jóvenes, minorías étnicas y grupos tradicionalmente marginados.
  • Creación de foros transfronterizos:
    • Talleres binacionales, encuentros comunitarios, asambleas y mesas de diálogo multiactor, donde se discutan los principales retos y oportunidades de la cuenca.
  • Vinculación con la planificación oficial:
    • Los aportes de la ciudadanía deben ser sistematizados y reflejados en el plan hidrológico y en las actas de los comités de cuenca transfronterizos.

Transparencia y comunicación activa

  • Acceso público a la información sobre el estado de los recursos hídricos, acuerdos bilaterales y medidas implementadas.
  • Uso de herramientas multiformato para difundir la información:
    • Boletines impresos, radios comunitarias, redes sociales, portales web y material audiovisual multilingüe.
  • Reportes periódicos de avances y resultados, que muestren cómo los aportes sociales influyen en las decisiones y cómo las acciones conjuntas generan impactos positivos.
  • Programas de educación y sensibilización, que fortalezcan la conciencia ambiental y la corresponsabilidad social en ambos lados de la frontera.

Confianza como base de la cooperación sostenible

La confianza mutua entre países y comunidades se construye a partir de experiencias de colaboración concretas y de la percepción de beneficios compartidos. Para ello se recomienda:

  • Proyectos piloto binacionales, como restauración de humedales, control de contaminación o monitoreo conjunto de calidad de agua.
  • Sistemas de alerta temprana coordinados, que protejan a las poblaciones ante riesgos de inundaciones o sequías.
  • Participación comunitaria en el seguimiento de compromisos y acuerdos, mediante observatorios sociales del agua o comités locales vinculados a los órganos binacionales.
  • Celebración de logros conjuntos, mediante informes públicos, eventos culturales o campañas educativas transfronterizas, para reforzar la identidad compartida de la cuenca.