Estimación de la demanda y distribución temporal de las demandas

El plan debe incluir un desglose de las demandas de agua actuales por los grandes sectores de uso antes identificados, permitiendo dimensionar el peso relativo de cada uno en el consumo total. Entre los sectores clave a abordar están:

  • Demanda urbana: incluye el abastecimiento para consumo humano, servicios y actividades urbanas atendidas por redes municipales. En su estimación se consideran, por un lado, la demanda neta (población, dotación y variación estacional) y, posteriormente, la demanda bruta, incorporando las pérdidas en red y otros condicionantes de la infraestructura.
  • Demanda ambiental (en caso de que el caudal ecológico haya tenido la consideración de demanda): corresponde al volumen de agua necesario para mantener los ecosistemas acuáticos y su funcionalidad, generalmente representada mediante caudales ecológicos. Su papel, así como su cuantificación, se tratan en Definición de Caudales Ecológicos.
  • Demanda agrícola y ganadera: considera el volumen de agua utilizado en el riego de cultivos, incluyendo aspectos como tipo de cultivo, superficie y eficiencia de uso; así como la atención de las necesidades de suministro a la cabaña ganadera, en general muy vinculada a explotaciones agrarias.
  • Demanda industrial: abarca el uso de agua en procesos productivos, incluyendo la refrigeración, limpieza y otros usos industriales, considerando su intensidad y localización.
  • Demanda turística y de ocio: volumen de agua requerido por las actividades turísticas, recreativas y de ocio, incluyendo el alojamiento, restauración, instalaciones recreativas y otros servicios vinculados a estas actividades.
  • Otras demandas: se considerarán demandas para todos los tipos de uso identificados conforme a la identificación realizada. Ignorar algún tipo de demanda, especialmente si es de magnitud significativa, puede desvirtuar los balances.

Cada tipo de demanda debe caracterizarse de forma específica, incluyendo: (i) su localización espacial, (ii) su magnitud total y (iii) su variabilidad temporal a lo largo del año. Este último aspecto es esencial para representar adecuadamente el comportamiento de la demanda a lo largo del ciclo hidrológico anual, identificar épocas de máxima presión sobre el recurso, y garantizar la coherencia con la disponibilidad de agua en términos temporales.

En aquellos casos donde las demandas hayan sido calculadas inicialmente en valores anuales, el plan debe incluir una distribución temporal mensual basada en coeficientes específicos por tipo de uso, cultivo o actividad, asegurando la compatibilidad con los análisis de balance, garantía y operación de los sistemas hídricos.

Recomendación:

La demanda de agua para la generación de energía, aunque habitualmente se engloba en los usos industriales, conviene analizarla separadamente dadas sus peculiaridades y los grandes caudales que suele movilizar, varios rangos de magnitud mayores que los de los usos dirigidos a atender a la industria manufacturera o, en general, la industria productora de bienes de consumo. Además de distinguirse entre los usos consuntivos (centrales térmicas, nucleares o geotérmica con torres de refrigeración cerradas, generación de vapor en centrales de carbón, gas, biomasa o termosolar) y no consuntivos (hidroeléctrica, centrales térmicas o nucleares que poseen circuitos de refrigeración abiertos).

Lo mismo puede decirse para la demanda minera (,volumen de agua requerido por las actividades de extracción y tratamiento de recursos minerales, incluyendo las necesidades de proceso, lavado, control de polvo y otros usos asociados a la explotación) si esta es una actividad importante en la zona.